¡Quien iba a pensar que pasaríamos calor en Estocolmo! Nosotros íbamos buscando la sombra, mientras los suecos se sentaban al sol, aprovechándolo todo lo que podían, imagino que para el largo invierno que les espera. Toda la gente en la calle le daba el aspecto de una ciudad muy alegre y disfrutona. Es lo que tiene el verano que cambia la vida de la ciudad radicalmente. Nos ha gustado conocerla así.
Estocolmo es una ciudad muy bella en permanente dialogo con el agua, las islas que la forman, como distintos escenarios, se comunican a través de puentes. Las noches, estos días, apenas duraban 4 horas y no eran cerradas, el cielo mantenía una débil luz que no permitía ver ninguna estrella y que nos desorientaba si nos despertábamos temprano.
Nos ha encantado pasear por Djurgården, recorrer las calles de Gamla Stan, buscar en Södermalm los escenarios de Millenium, viajar en barco por el lago Mälaren, contemplar el Báltico. Nos ha gustado hacernos los suecos.
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